MENSAJE del 25 de Octubre de 2019
  
Lunes, 04/11/2019
“Queridos hijos, hoy os invito a la oración. ¡Que la oración sea un bálsamo para vuestra alma! porque el fruto de la oración es la alegría, es dar, es testimoniar a Dios a los demás a través de vuestras vidas. Hijos míos, al entregaros totalmente a Dios, Él se ocupará de todo y os bendecirá, y vuestros sacrificios tendrán sentido. Estoy con vosotros y os bendigo a todos con mi bendición maternal. ¡Gracias por haber respondido a mi llamada!”.
Reflexión del Mensaje de la Reina de la Paz dado el 25 de Octubre de 2019 por Padre Gustavo Jamut, o.m.v.
Queridos amigos:

¡Reciban hoy y siempre, la paz y la alegría de Jesús y de María!

La invitación que nos hace Nuestra Madre a seguir profundizando en el don de la oración, es un pedido que está presente en la mayoría de sus mensajes.

Pero en este mensaje la novedad es la imagen que toma del bálsamo para compararlo con la oración: “Que la oración sea un bálsamo para su alma!”.

Pero, ¿qué es el bálsamo?.

Te invito a que en este momento profundicemos en qué consiste el bálsamo; y que para esto veamos y reflexionemos acerca de dos definiciones que presenta el diccionario de la lengua española:

1- “Crema líquida o aceite compuesto de sustancias medicinales que se aplica para curar heridas, llagas y otras enfermedades”.
2- “Líquido resinoso y aromático que fluye de algunos árboles de manera natural o por incisión y se espesa en contacto con el aire”.

La Reina de la Paz, al hablar entonces de la oración como un bálsamo, nos está trasmitiendo y enseñando que cuando oramos con el corazón, con sinceridad, humildad y con perseverancia, le permitimos al Espíritu Santo curar las heridas de nuestros corazones.

Este tema ha sido profundizado por el querido padre Slavko Barbaric, en el libro: “Dame tu corazón herido”.

En este libro, el padre se refiere al corazón humano como una flor que puede estar marchita a causa de los pecados y de las heridas de la vida, pero que recupera toda su vitalidad y lozanía a través de la oración y el sacramento de la reconciliación o confesión.

En sus páginas se nos recuerda la visión que en una ocasión tuvo la vidente Marija Pavlovic, quien explicó: “Durante la oración se me ha presentado tres veces la imagen de una flor. La primera vez era maravillosa, fragante, llena de color. ¡Y yo me sentí tan feliz! Después he visto la misma flor cerrada, marchita, había perdido completamente su belleza. ¡Cómo me entristecí! Pero, de pronto, una gota de agua cayó sobre la flor marchita ¡y súbitamente recuperó toda su fragancia y su fulgor! Yo traté de comprender el significado que esta visión pudiera tener, pero no logré entenderlo. Por eso, decidí consultarlo con la Virgen durante una de sus apariciones. Le dije: “Madre mía, ¿qué quiere decir lo que yo he visto durante la oración? ¿Qué significado tiene esa flor?” La Virgen sonrió y me respondió: “Sus corazones son como esa flor. Cada corazón es maravilloso por la belleza con la que Dios lo ha creado. Pero cuando sobreviene el pecado, la flor se marchita y su fulgor se desvanece. La gota que cayó sobre la flor para revivirla, es el símbolo de la Confesión. Cuando ustedes están en pecado, no pueden salir de él por ustedes mismos, necesitan ayuda de fuera”.

No podemos hacer una buena confesión y ser purificados, sin descubrir el poder “balsámico” -es decir, sanador- de la oración…

No podemos vivir con alegría, si no alimentamos nuestra intimidad con Dios frecuentemente a lo largo de cada jornada…

No nos será posible testimoniar a Dios a los demás a través de nuestras vidas, si no nos volvemos pequeños, abnegados y serviciales a través del don de la oración. Por eso necesitamos ser tocados frecuentemente por este bálsamo.

En los Centros de Espiritualidad de María Reina de la Paz, que mi comunidad atiende -tanto en la ciudad de Buenos Aires como en la Provincia (Carmen de Areco)-, solemos preparar un bálsamo, réplica del que se ofrece en el santuario de la Divina Misericordia de Cracovia (Polonia), donde Jesús se le presentó a Santa Faustina. Este bálsamo también va acompañado por una oración, para pedirle a Dios, la sanación interior, y también física, si ésta es su voluntad.

La segunda definición acerca del significado del bálsamo, se refiere a un líquido resinoso que brota de ciertos árboles. Esto me lleva a evocar el árbol de la cruz donde estuvo suspendida la salvación del mundo, y el corazón abierto de nuestro Redentor del cual siguen fluyendo gracias infinitas para nosotros.

Pero para que este bálsamo de la oración, produzca el efecto de la alegría duradera de la cual nos habla Nuestra Madre en este mensaje, me parece fundamental orar por aquellos acontecimientos de la vida que no comprendemos; no para querer entenderlos plenamente, sino para pedir a Dios las gracias de la aceptación, de la dirección correcta y de la paz interior. De este modo, le permitiremos a Dios sanar la propia historia personal y las heridas de la vida.

Tu historia personal está entrelazada con un sinnúmero de personas que has conocido a lo largo de los años. En este entramado han quedado registradas diversas vivencias familiares, escolares, y de numerosos ámbitos sociales, donde las relaciones interpersonales han dejado diferentes clases de “huellas” en los diversos niveles de tu memoria.

Por lo tanto -en algunos momentos-, Jesús caminante y la Gospa, te llevarán a través de la memoria a transitar nuevamente algunas etapas de la vida, tales como son:

- Los recuerdos próximos (o no tan cercanos) de la vida adulta, para recibir una nueva efusión de su consuelo y de su paz.
- En otros momentos, Jesús y María te conducirán a evocar escenas de la adolescencia y de la juventud, para que redescubras la amistad de Jesús joven, quien siempre estuvo junto a ti, y que con su presencia y humanidad perfecta, quiere restaurar y reordenar cualquier confusión afectiva o sexual que provenga de esos años.
- En otros momentos de oración, sentirás como el Espíritu Santo te tomará de la mano y te conducirá a la primera infancia y a la niñez, para abrazar a tu niño interior, y sanarlo de cualquier herida de abandono, rechazo o comparación con los hermanos o compañeritos del colegio.
- Además, a algunas personas, el Espíritu Santo puede guiarles hasta el momento en que realizaron su primer “viaje”, que fue desde el vientre materno a las manos de quien le recibió en el momento de nacer; y entonces gustarán la experiencia de sentir que a su lado estará san José, quien con su presencia intercesora les ayudará a tener un nuevo nacimiento espiritual, y a sanar las consecuencias que podrían provenir de haber tenido un alumbramiento complicado.
- También la Virgen María, con su amor materno y su intercesión, te conducirá a entrar en su Inmaculado Corazón, como si volvieses a entrar en el seno materno, para recibir la gracia de una nueva concepción y sanar cualquier “herida de no ser” que provenga del santuario del vientre materno.
- Finalmente, nuestro Papá Dios, a través del bálsamo de la oración, te ayudará a dar gracias por tu familia y por todos tus ancestros, revalorizando todo lo bueno que has recibido de la herencia intergeneracional, tanto de la rama materna como de la rama paterna; pero también te animará a discernir cualquier perturbación o enfermedad repetitiva que se haya dado o que se esté dando en el presente, en diversas generaciones de los miembros de tu familia, a fin de invocar la liberación y la sanación a través de la preciosa Sangre de su Hijo Jesucristo.

Por lo tanto, querido hermano y hermana, animado por este mensaje de la Gospa me ánimo a decirte las mismas palabras que algunos habitantes de Jericó le dijeron al ciego Bartimeo: “Animo, levántate, él te llama”.[1][1] Por lo que estamos confiados en que tú mismo darás testimonio del poder del Señor que, con el bálsamo de la oración, te muestra que el maestro está aquí y quiere ayudarte a recuperar la vista interior para que revalorices tu vida, y puedas verlo todo de un modo nuevo.

En otros momentos, sentirás que tu ángel custodio susurrará a tu corazón palabras similares a las que Marta le dijo a su hermana María, en Betania: “El Maestro está aquí y te llama”[2][2]. Ésta será entonces la señal para comprender que -gracias a la conjunción de tu oración y de la intercesión de la Virgen Santísima- el bálsamo de la bendición Divina te está tocando, y que ha llegado el momento de la resurrección de algún área de tu corazón que estaba como marchita, agonizante e incluso muerta. Entonces, tú, en primer lugar, pero también muchos de quienes te rodean, darán testimonio de que Jesús está vivo y que tiene el poder para seguir obrando milagros en nuestro tiempo.Te envío un fuerte abrazo y me encomiendo a tus oraciones.

Padre Gustavo Jamut,
Oblato de la Virgen María

Para conocer acerca de los retiros y de las peregrinaciones guiadas por el padre Gustavo Jamut:


[3][1] Marcos 10:49

[4][2] Juan 11:28b





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